Mostrando entradas con la etiqueta Responsabilidad social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Responsabilidad social. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Carlos Mariotti, Precursor de la Responsabilidad Social Empresarial en el Perú


Desde hace algunos años, la Responsabilidad social empresarial ha cobrado vital importancia en el Perú, más aun cuando se ha entendido que las empresas, especialmente aquellas de carácter industrial que explotan o procesan los recusos naturales, tienen un rol especial con el medio ambiente, el desarrollo sustentable y con la inclusión social.

El ingeniero Carlos Mariotti entendió esto precursoramente. Como Gerente General de las Empresas Eléctricas Asociadas (1957 - 1973) supo desarrollar una gestión muy sensibilizada con las comunidades aledañas a las centrales hidroeléctricas y a las fuentes hídricas de las que hacía uso la empresa. Durante su gestión las EE.EE.AA. dotaron sin autobombos, de electricidad, postas médicas, carreteras, educación técnica, entre otros, a las comunidades, asegurando una perfecta convivencia, incluso dentro de la empresa, que llegó a tener hasta seis sindicatos que funcionaban armoniosamente. Carlos Mariotti fue uno de los directivos más reconocidos y apreciados por las comunidades y por el sector eléctrico peruano, por su don de gente y capacidad gerencial. Menudo trabajo en el Perú actual!

A fines de 1973, Mariotti renunció al cargo de gerente general de las EE.EE.AA., cuando esta fue estatizada y convertida en Electrolima S.A. En el 2003, de regreso a su suiza natal, el ing. Mariotti falleció a los 91 años de edad.

Ver también: Patrimonio Industrial y Responsabilidad Social Empresarial
http://patrimonioindustrialperu.blogspot.com/2009/07/patrimonio-industrial-y-responsabilidad.html

jueves, 2 de julio de 2009

Patrimonio Industrial y Responsabilidad Social Empresarial


Un componente, igual de importante como lo es el crecimiento económico, para que los países sean desarrollados y prósperos, es que éstos alcancen un nivel adecuado de educación y cultura. Sin educación, los antivalores; como la corrupción o la injusticia, se multiplican y entorpecen la prosperidad de todos. Asimismo, un país sin educación es un país sin futuro, y por lo mismo, incapaz de preservar su pasado.

En la tarea de lograr un país próspero, desarrollado, educado y culto, debe intervenir no sólo el Estado, sino también todos los demás actores sociales. Uno de éstos actores, de especial protagonismo en el actual modelo económico, es sin duda la empresa privada.

Desde hace algunas décadas, el ideario de las empresas se ha modernizado y ha reconocido la existencia de una inherente y necesaria responsabilidad social, como elemento fundamental de su actividad económica. El objetivo general de las acciones de responsabilidad social es desplegar su actividad empresarial en el marco de una relación constructiva con la comunidad. De esta manera, la empresa no sólo actúa en el ámbito del crecimiento económico, sino que extiende su participación al campo del progreso de la comunidad, buscando impulsar el desarrollo del entorno social y el mejoramiento continuo de la calidad de vida de las familias, a través de diversas actividades; salud, educación, medioambiente e infraestructura, principalmente.

La conservación y promoción del patrimonio cultural debiera ser un gran derrotero de actividades de responsabilidad social empresarial. La conservación y conocimiento del patrimonio cultural, en todas sus manifestaciones, asegura una mejor educación y una cohesión como nación, ya que colabora en la formación de la memoria colectiva. Y en esta premisa, la conservación y difusión del patrimonio industrial, por su monumentalidad, por su tangibilidad y por su relación histórica con la actividad económica, tiene una especial importancia.


Como escribe José Martín: “la memoria colectiva de los pueblos necesita de lugares donde encarnarse, de espacios donde representarse y permanecer. Necesita, en una palabra, de monumentos. Los restos materiales, desde un horno alto a una frágil fotografía, pasando por una nave industrial o un documento, son piezas imprescindibles para materializar y escenificar la memoria colectiva. Y por eso, la transmisión histórica de la memoria colectiva de una generación a otra está supeditada a la pervivencia de esas huellas materiales del pasado, de esos monumentos de nuestra época, que son, sin duda, su mejor garantía de perdurabilidad”[1].

En el caso del patrimonio industrial, las empresas, en el marco de sus políticas de responsabilidad social, e inclusive como recuperación de activos fijos, de ser el caso, deberían promover proyectos de revaloración de este tipo de patrimonio; restaurando espacios y objetos históricos de la actividad eléctrica, textil, minera, ferroviaria y fabril en general. Además, el patrimonio industrial es reutilizable, pudiendo reconvertirse a un nuevo fin utilitario que conviva con su status de patrimonio.

En el Perú ya hay notables casos de iniciativa privada por la recuperación del patrimonio cultural, pero muy pocos destinados al patrimonio industrial. El caso de la empresa generadora ELECTROPERU, que tiene a su cargo el Museo de la Electricidad, como ejemplo de una política empresarial socialmente comprometida, es digno de destacarse.